
Esta casa es sobre todo una respuesta al lugar en el que se asienta. En lo alto de una colina que mira hacia el norte, hacia las montañas de la sierra de Madrid.
Para crear la plataforma sobre la que aposentarse, se construye un cajón de hormigón, un podio, sobre el que se coloca una caja transparente de vidrio cubierta delicadamente con una precisa estructura de acero pintada de blanco.
La caja de hormigón enraizada en la tierra como una cueva, acoge un programa de vivienda con un esquema claro de banda de servicios detrás y espacios servidos delante.
La caja de vidrio, posada sobre la plataforma, como un cabaña, es una estancia mirador a la que se sube desde la casa.
Abajo, la cueva como espacio para el refugio. Arriba la cabaña, la urna, como espacio para la contemplación de la naturaleza. Todo ello con precisión en las dimensiones. El cajón de hormigón de 9x27m. La estructura metálica de 15x6m. La caja de vidrio de 4,5x9m. y 2,26m. de altura de suelo a techo.
Quiere esta casa ser una traducción literal de la idea de la caja tectónica sobre la caja estereotómica. Como una destilación de lo más esencial de la arquitectura. Una vez más el “más con menos”.