Manifiesto arquitectura futurista

Antonio Sant'Elia

Antonio Sant'Elia

MANIFIESTO ARQUITECTURA FUTURISTA POR ANTONIO SANT’ELIA

Ninguna arquitectura ha existido desde 1700. A una mezcla destartalada de elementos estilisticos más variados utilizados para enmascarar los esqueletos de las casas modernas se le llama arquitectura moderna. La belleza novedosa del cemento y del acero es profanada por la superposición de carnavalescas incrustaciones decorativas que no se pueden justificar por necesidad constructiva o por nuestro gusto , y que sus orígenes datan de antiguos tiempos egipcios, indios o bizantinos y en aquel florecimiento estúpido y de impotencia que tomó el nombre del neoclasicismo.

Estas prostituciones arquitectónicas son bienvenidas en Italia, y la rapaz ineptitud extranjera se hace pasar como gran invención talentosa y como una arquitectura extremadamente actualizada. Los arquitectos italianos jóvenes (ésos que piden prestada la originalidad escudriñando clandestinamente publicaciones de arte) hacen alarde de sus talentos en los nuevos barrios de nuestras ciudades, en donde hilarante ensalada de columnitas ojivales, grandes hojas barrocas, arcos acentuados góticos, pilares egipcios, volutas rococó, amorcillos renacentistas, rechonchas cariátides , presumen de estilo en toda su seriedad, y hace ostentación de sus aires monumentales. El caleidoscópico aparecer y desaparecer de las formas, el multiplicarse de las máquinas, y el aumento de las necesidades diarias impuestas por la velocidad de las comunicaciones, por la concentración de la población, por la higiene, y por otros cientos de fenómenos de la vida moderna, nunca causan ningún quebradero de cabeza a estos autollamados renovadores de la arquitectura.

Insisten obstinadamente con los preceptos de Vitrubio, de Vignola y de Sansovino en la mano, más algún que otro desecho de información publicado sobre la arquitectura alemana que pretende ser actual. Usando éstos, continuan estampando la imagen de imbecilidad secular en nuestras ciudades, que deberían ser, por el contrario, la proyección inmediata y fiel de nosotros mismos.

De este modo, este arte expresivo y sintético se ha convertido, en en sus manos, en un ejercicio estilístico vacío, un revoltijo de fórmulas enfermizamente mezcladas para disfrazar de edifcio moderno al mismo contenedor de piedra y ladrillo inspirado en el pasado. Como si nosotros, acumuladores y generadores de movimiento, con nuestras prolongaciones mecánicas , con el ruido y la velocidad de nuestra vida, pudieramos vivir en las mismas casas, en las mismas calles construidas para las necesidades de los hombres de hace cuatro, cinco o seis siglos.

Esta es la imbecilidad suprema de la arquitectura moderna, perpetuada por la complicidad mercantil de las academias, domicilios forzados de la inteligencia, en las que se obligan a los jovenes a reproducir onanísticamente los modelos clásicos en vez de abrir del todo sus mentes a la búsqueda de los límites y la solución del nuevo y acuciante problema: la casa y la ciudad futuristas . La casa y la ciudad espiritual y materialmente nuestras, en las cuales nuestra gitación pueda desarrollarse sin parecer un grotesco anacronismo.

El problema que se presenta en la arquitectura futurista no es de readaptación lineal. No es una cuestión de encontrar nuevas formas, nuevos perfiles de puertas y ventanas, ni de substituir columnas, pilares,mínsulas con cariátides, moscones y ranas. No se trata de dejar la fachada de ladrillo visto, de enseyarla, o de forrarla de piedra ni de marcar diferencias formales entre el edificio nuevo y el antiguo. Es una cuestión de crear ex-novo la casa futurista, de construirla con todos los recursos de la ciencia y de la técnica, satisfaciendo magistralmente todas las demandas de nuestros hábitos y de nuestro espíritu, pisoteando todo lo que sea grotesco, pesado y antitético a nosotros (tradición, estilo, estética, proporción), creando nuevas formas, nuevas líneas, una nueva armonía de perfiles y de volúmenes, una arquitectura razone su justificación de existencia solamente en las condiciones especiales de la vida moderna, y que encuentre correspondencia como valor estático en nuestra sensibilidade. Esta arquitectura no se puede someter a ninguna ley de la continuidad histórica. Debe ser nueva, como nuevo es nuestro estado de ánimo.

El arte de la construcción ha podido evolucinar en el tiempo, y pasar de un estilo a otro, manteniéndose inalteradas las características generales de la arquitectura, porque en el curso de la historia son frecuentes los cambios de la moda y los que produce la sucesión de religiones y regímenes políticos. Pero son extremadamente raras las causas de cambios profundos en el entorno, los cambios que rompen y renuevan, como por ejemplo el descubrimiento de determinadas leyes naturales, el perfeccionamiento de medios mecánicos, el uso racional y científico del material. En la vida moderna el proceso consecuente de desarrollo estilístico en la arquitectura se ha detenido. La arquitectura ahora se separa de la tradición. Se debe comenzar forzosamente desde cero .

Los cálculos basados en la resistencia de los materiales, en el uso del hormigón armado y del hierro, excluyen la “arquitectura” en el sentido clásico y tradicional. Los materiales de construcción modernos y los conceptos científicos no se prestan en absoluto con la disciplina de los estilos históricos, y son la causa principal del aspecto grotesco de las construcciones “de moda” en las que se pretende conseguir de la ligereza, de la soberbia agilidad de la viga de acero, y la delicadeza del cemento armado, la pesada curva de un arco y el aspecto macizo de un mármol.

La increible antítesis entre el mundo moderno y el antiguo está determinada por todo lo que antes no existía. Han entrado en nuestras vidas elementos que los hombres antiguos ni siquiera podían imaginarse. Se han producido situaciones materiales y han aparecido actitudes de espíritu que repercuten con mil efectos distintos. El principal de todo ellos es la formación de un ideal nuevo de belleza que todavía sigue siendo obscuro y embrionario, pero que ya ejerce su atracción en las masas. Hemos perdido nuestra predilección por lo monumental, de el pesado, de lo estético, y hemos enriquecido nuestra sensibilidad con el gusto por lo ligero, lo práctico, lo efímero y lo rápido. Percibimos que ya no somos los hombres de las catedrales, de los palacios y de los edificios públicos, sino de los grandes hoteles, de las estaciones de ferrocarriles, de las carretera inmensas, de los puertos colosales, de los mercados cubiertos, de las galerías luminosas, de las líneas rectas y de los saludablres vaciados.

Debemos inventar y reconstruir la ciudad futurista como una inmensa obra tumultosa, ágil, móbil y dinámica en cada detalle, y la casa futurista deberá ser como una gigantesca máquina . Las ascensores no estarán escondidos como los tenias en los huecos de las escaleras sino que éstas, inútiles, serán eliminadas y los ascensores treparán por las fachadas como serpientes de hierro y cristal. La casa de cemento, cristal y acero, sin pinturas ni esculturas, bella solamente por la belleza natural de sus líneas y de sus relieves, extraordinariamente “fea” en su simplicidad mecánica, tan alta y ancha como es necesario y no como prescriben las ordenanzas minicipales, para erigirse en el borde de un abismo tumultuoso, la calle, que ya no correrá como un felpudo delante de las porterías, sino que se construirá bajo tierra en varios niveles, recibiendo el tráfico metropolitano y comunicándose a través de pasarelas metálicas y rapidísimas cintas transportadoras.

Lo decorativo debe ser suprimido. El problema de la arquitectura futurista debe ser resuelto, no robando fotografías de la China, de Persia y de Japón o embobándose con los preceptos de Vitrubio, sino a través de intuiciones geniales acompañadas con maestría científica y técnica. Todo debe ser revolucionado. Las cubiertas y los sótanos deben aprovecharse, hay que dismiinir la importancia de la fachada, trasladar los problemas del buen gusto del ámbito de la formita, el capitelito, el portalito, al campio más amplio de las grandes agrupaciones de masas, de la amplia distribución de las plantas del edificio. Basta ya de arquitectura monumental fúnebre y conmemorativa. Deshagámonos de monumentos, aceras, soportales y escalinatas, soterremos las calles y las plazas,elevemos el nivel de las ciudades.

YO COMBATO Y DESPRECIO:

  1. Toda la pseudo-arquitectura de vanguardia, austriaca, húngara, alemana y norteamericana;
  2. Toda la arquitectura clásica, solemne, hierática, escenográfica, decorativa, monumental, agraciada y agradable;
  3. El embalsamamiento, la reconstrucción, la reproducción de los monumentos y los palacios antiguos;
  4. Las líneas perpendiculares y horizontales, las formas cúbicas y piramidales, que son estéticas, pesadas, oprimentes y absolutamente ajenas a nuestra novísima sensibilidad;
  5. El uso de materiales macizos, voluminosos, duraderos, anticuados y costosos.

Y PROCLAMO:

  • Que la arquitectura futurista es la arquitectura del cálculo, de la audacia temeraria y de la simplicidad; la arquitectura del cemento armado, del acero, cristal, cartón, fibra del textil, y de todos esos substitutos de la madera, piedra y del ladrillo que nos permiten obtener la máxima elasticidad y ligereza.
  • Que la arquitectura futurista sin embargo no es una árida combinación del sentido práctico y de la utilidad, sino que sigue siendo arte, es decir, síntesis y expresion
  • Que las líneas oblícuas y elépticas son dinámicas, que por su propia naturaleza poseen un poder expresivo mil veces superior al de las lineas perpendiculares y horizontales, y sin ellas no puede existir ninguna arquitectura integradora.
  • Que la decoración como elemento superpuesto a la arquitectura es absurdo, y que el valor decorativo de la arquitectura futurista depende solamente del uso y de la disposición original del material bruto o visto o violentamente coloreado.
  • Que, al igual que los hombres antiguos se inspiraron, para su arte, en los elementos de la naturaleza, nosotros – material y espiritualmente artificiales – debemos encontrar esa inspiración en los elementos del novísimo mundo mecánico que hemos creado y del que la arquitectura debe ser la expresión más hermosa, la síntesis más completa, la integración artística más eficaz.
  • Que la arquitectura como arte de distribuir las formas de los edificios según criterios preestablecidos está acabada.
  • Que por arquitectura debe entenderse el esfuerzo por armonizar con libertad y gran audacia el entorno y el hombre, es decir, por convertir el mundo de las cosas en una proyección directa del mundo del espiritu.
  • De una arquitectura así concebida no puede nacer ningún habito plástico y lineal, porque los caracteres fundamentales de la arquitectura futurista serán la caducidad y la transitoriedad. Las casas durarán menos que nosotros. Cada generación debe fabricarse su ciudad. Esta constante renovación del entorno arquitectónico contribuirá a la victoria del Futurismo que ya se impone con las Palabras en libertad, el Dinamismo plástico, la Música sin cuadratura y el Arte de los ruidos, y por el que luchamos sin tregua contra la cobarde prolongación del pasado.
Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

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Foto de arquitectura futurista por Antonio Sant'Elia

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